|
La manera en que los niños y las niñas se sienten con respecto a ellos mismos afecta todos los aspectos de su vida: desde la manera como se desempeñan en el ámbito escolar y familiar – tanto en el aprendizaje como en la relación con los compañeros y los adultos que ejercen la autoridad- hasta la manera como enfrentan los pequeños problemas que se les presentan cotidianamente.
Para la formación de la identidad es importante fortalecer a los niños y niñas en tres aspectos básicos: ¿Quién soy?, El grupo al que pertenezco, ¿De qué soy capaz?
¿Quién soy?
Los niños aprenden a tenerse respeto a sí mismos cuando se les ayuda a ver cuán especiales son, cuando se les motiva a percibir de una manera positiva y relevante sus características y habilidades.
Es importante ayudar al niño y a la niña a reconocer su cuerpo, haciendo énfasis en elementos que definan su aspecto físico, la expresión y el reconocimiento de sus emociones etc.
Ayúdele a aceptar las diferencias con respecto a los otros niños, como el color del cabello, el de los ojos, el color de la piel y resalte las características especiales de cada persona. Estimule al niño a reflexionar en las características que lo hacen diferente de los demás. Cuéntele al niño o niña detalles de sus primeros años, narrando anécdotas de su nacimiento, juegos que realizaban con él, sus primeros pasos, sus juguetes preferidos etc. Estas narraciones le permitirán al niño y a la niña hacer conciencia de que ha crecido y lo motivan a continuar creciendo. (Estas actividades pueden hacerlas observando fotos, jugando frente al espejo etc.)
Es muy importante que los niños y niñas aprendan a diferenciar lo privado de lo público y el respeto y cuidado de su propio cuerpo. Así mismo, es importante que los padres establezcan las diferencias de su cuerpo con el cuerpo de ellos, por lo que es recomendable evitar las despedidas de besos en la boca, bañarse desnudos y dormir en la misma cama etc. Estos aspectos ayudarán al niño a establecer una separación clara de su cuerpo con respecto al cuerpo de los adultos, y les permitirá a los niños establecer una relación menos dependiente y más sana con sus padres o cuidadores, así como prevenir situaciones de abuso.
EL Grupo al que pertenezco: familia, jardín, ciudad etc.
Es importante que los niños y niñas identifiquen los miembros de su familia (tíos, abuelos, primos etc.) y sentirse amados y queridos por ellos. Para dicho propósito se recomienda tener en cuenta los siguientes aspectos:
· Fortalecer el sentido de pertenencia: la familia, el jardín y los amigos constituyen los principales grupos a los que pertenecen los pequeños.
· Hablar sobre el papel que juega el niño dentro de la familia y la comunidad: esto contribuye significativamente al fortalecimiento de la identidad y a la construcción de habilidades sociales como autonomía, liderazgo, asertividad, conciencia ambiental etc.
· Expresar con frecuencia, sin importar la edad que tenga, las cosas buenas que él aporta a la familia y lo que la familia o los diferentes grupos le aportan a él, asignando pequeñas responsabilidades que lo hagan sentir parte de una familia y de una comunidad.
¿De qué soy capaz?
Es importante motivar al niño a expresar sentimientos, a descubrir nuevos talentos y reconocer habilidades. Destaque su capacidad para contar historias, su disponibilidad para ayudar a otros niños etc.
Acostúmbrelo a evaluar sus logros en comparación consigo mismo y no con los demás. Evite centrase en los aspectos negativos utilizando frases que le permitan encontrar soluciones más que culpabilidades. Por ejemplo: “Cuando comas debes tener más cuidado de no regar el jugo, tu ya eres fuerte y puedes sostener las cosas como un niño(a) de “3 años””
Así mismo, es importante que los padres puedan tener claridad sobre lo que esperan del niño y la niña a ciertas edades, pues pueden exigirle menos de lo que ellos pueden dar o exigirle demasiado para su edad.
Cuando los niños empiezan a crecer y a expresar desacuerdos, la ambigüedad de los padres se torna evidente, pues dependiendo de la situación los tratan como niños o como bebés. Por ejemplo, cuando los padres están ocupados quieren que sus hijos realicen las actividades por sí mismos, pero cuando los padres se sienten solos, les piden a sus hijos que los acompañen en sus camas para dormir.
La consecuencia de esta ambigüedad es que el niño se sienta confundido sobre lo que se espera de él y sobre lo que él puede dar. En esta medida, aprenden también a comportarse como bebés cuando la situación a los niños les conviene.
El reto de ser padres implica conciencia y reflexión sobre nuestros propios actos, donde uno de los mejores regalos que podemos hacerles a nuestros hijos es librarlos de nuestros propios miedos.
Bibliografía
· Colección para padres y maestros. Educando Mejores Hijos Tomo III.
· Perdidas Necesarias para Vivir y Crecer. Judith Viorst
· Escuela para mejores padres. Tomo 4 Editorial Zamora.
|